"Más allá de la magia del calafate,
o los efluvios de Elal
en la noche fresca cuando
me recuesto sobre las hierbas susurrantes... y observo el millar
de estrellas que en la ciudad mueren mucho antes de llegar a nuestro
corazón, y escucho ese maravilloso silencio que precede
al estruendo de los inmensos bloques de hielo desprendidos de
los glaciares; cuando los pechitos colorados y los
chingolos conversan con las agitadas ramas de los álamos
y el amanecer nace en las plumas de los flamencos; al despertar
en la mañana y oir la tetera del desayuno cantando junto
al coro de los copos de nieve golpeando contra los cristales de
la ventana y el olor del roble quemándose en la chimenea;
es que pienso e intento explicar el hechizo que de todo eso emana
y que arde con pasión y alegría en lo profundo de
mi interior
(sigue...)